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Comparativa de marcas: criterios para determinar el riesgo de confusión 

4 de septiembre de 2025

La comparativa de marcas es uno de los pilares fundamentales en los procedimientos de oposición, nulidad o infracción. Determinar si dos signos son confundibles entre sí resulta clave tanto para proteger adecuadamente los derechos ya registrados como para asegurar que una nueva marca puede ser utilizada y explotada sin riesgos.  

En España y en la Unión Europea, esta comparación no es un ejercicio puramente técnico, sino que requiere un estudio jurídico con consecuencias prácticas importantes. El principio rector es el análisis global, prestando atención a los diferentes detalles verbales, gráficos, asociaciones conceptuales y al contexto comercial. Es esencial entender que no se comparan los elementos de forma aislada, sino la impresión de conjunto que el signo genera en el consumidor medio.  

Este consumidor se presume normalmente informado, atento y razonablemente perspicaz, aunque no analiza cada detalle con minuciosidad. De ahí que incluso pequeños parecidos en los elementos más relevantes de una marca puedan ser determinantes para que exista riesgo de confusión.  

Factores principales de la comparación  

 El riesgo de confusión se valora teniendo en cuenta tres dimensiones fundamentales:  

  • Visual: se analiza la semejanza gráfica de los signos (palabras, tipografías, logotipos, formas, colores). Es especialmente importante en sectores donde la compra se realiza a primera vista (productos en estanterías, comercio electrónico, etc.).  
  • Fonética: se estudia la semejanza en la pronunciación. Puede ser determinante cuando las marcas se perciben principalmente de forma oral (por ejemplo, en servicios solicitados por teléfono).  
  • Conceptual: hace referencia al significado que evocan las marcas. Si dos signos transmiten la misma idea o concepto, puede haber confusión incluso aunque su apariencia visual o fonética sea distinta.  

Lo relevante es que no es necesario que exista similitud en los tres planos a la vez. Basta con que se aprecie proximidad en uno de ellos, siempre que afecte a los elementos más distintivos o dominantes del signo.  

Elementos denominativos y figurativos  

En la práctica, la mayoría de marcas combinan elementos denominativos (palabras, letras, números) y figurativos (logotipos, símbolos, formas gráficas).  

El peso de cada uno en la comparación dependerá de su carácter distintivo y de su capacidad de atraer la atención del consumidor:  

  • Elementos denominativos: siempre han tenido un papel central, porque las palabras se memorizan y transmiten con facilidad. Una coincidencia en el término principal de dos marcas puede ser suficiente para apreciar riesgo de confusión. 
  • Elementos figurativos: cuando el componente gráfico es especialmente llamativo u original, puede llegar a prevalecer sobre lo denominativo. Esto comienza a ser recurrente, puesto que nos encontramos en una sociedad cada vez más centrada en los estímulos visuales. Hay múltiples casos donde los elementos figurativos ya prácticamente sustituyen al componente verbal, como ocurre con Mercedes y su característico logo. 

En este último apartado la dificultad aumenta, puesto que valorar hasta qué punto un elemento figurativo es dominante no siempre resulta evidente. La jurisprudencia insiste en que no basta con analizar el tamaño o la posición de los elementos gráficos; hay que valorar su fuerza distintiva y la impresión que dejan en el consumidor (11/11/1997, C-251/95, “Sabel”,§ 23). 

La importancia de los medios visuales y la estética para llamar la atención del consumidor provocan que estos elementos figurativos cobren renovada importancia. Esto conlleva una mayor sensibilidad en estos signos a la hora de comparar marcas, puesto que ocupan un peso distintivo mayor.   

Conclusión  

La comparación de marcas es un proceso complejo, donde se ponderan múltiples factores, pero siempre desde la perspectiva del consumidor medio. La combinación de análisis visual, fonético y conceptual, junto con la identificación de los elementos dominantes, determina si existe riesgo de confusión. Todo ello, en consonancia con los productos o servicios que la marca ampara.  

Cuando el peso recae en componentes figurativos muy distintivos, la evaluación se complica y exige un análisis más fino. En cualquier caso, el denominador común es que los elementos con mayor fuerza distintiva marcarán el resultado final.  

Para empresas y emprendedores, comprender estas reglas es esencial antes de lanzar o registrar una marca. Un análisis preventivo puede evitar conflictos legales costosos y garantizar una estrategia sólida de protección marcaria. Y podemos ayudaros con eso. Poneos en contacto con nosotros y empecemos a construir la mejor estrategia para vuestra marca. 

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