«La propiedad industrial no es un apéndice jurídico, sino una infraestructura económica que permite transformar el conocimiento en productividad y bienestar». No es una frase que digamos desde PONTI & PARTNERS como firma especializada en propiedad industrial, sino que viene de la a prestigiosa institución del Comité del premio Nobel.
Normalmente, este premio ya tiene una estrecha relación con la propiedad industrial e intelectual, puesto que muchos ganadores son responsables de invenciones protegidas. Sin ir más lejos, los premios Nobel de Química (Susumu Kitagawa, Richard Robson y Omar M.Yaghi) o los de Física (John Clarke, Michel H. Devoret y John M. Martinis) de este mismo 2025 son asiduos de la EUIPO y las PCT.
Pero este año la relación se ha estrechado todavía más, gracias al Premio Nobel de Economía de este año. Joel Mokyr, Philippe Aghion y Peter Howitt son los tres ganadores que, de manera académica y con base científica, han demostrado que las economías prosperan cuando crean, innovan, difunden y protegen las nuevas ideas. Lugar donde la propiedad industrial tiene un papel protagonista.
Por un lado, Aghion y Howitt se han centrado en un modelo que denominan “destrucción creativa”. El progreso y la innovación a veces parten de la destrucción, y posteriormente florecen cuando tienen por objetivo crear nuevas tecnologías que superen o sustituyan a tecnologías obsoletas. Se impulsa el crecimiento a través de la competencia. Pero la innovación es un riesgo y una inversión que necesita de un entorno seguro jurídicamente y un retorno temporal exclusivo. Es ahí donde la propiedad industrial, a través de patentes, marcas, modelos de utilidad y diseños, funciona como el mecanismo para equilibrar el progreso colectivo y el incentivo para el que innova. Un claro ejemplo de esto es el salto de formatos con los que escuchamos música o vemos películas, del VHS, al CD a los dispositivos MP3 y ahora el streaming.
Por otro lado, Mokyr, historiador económico, se ha centrado más en el contexto cultural donde la PI también tiene un papel central. Tal y como pudo advertir, el crecimiento sostenido de la economía a nivel global surge de la creencia en el progreso. Este requisito cultural, junto el conocimiento científico, facilitó el crecimiento sostenido, especialmente tras la Revolución Industrial. Y para conseguir tal crecimiento y mantenerlo, se necesitan de instituciones que faciliten e impulsen el conocimiento y se proteja a quien asume el riesgo de innovar.
La conclusión que se extrae del trabajo de todos estos académicos es que la protección de la innovación, mediante el mecanismo jurídico de la propiedad industrial, es el incentivo necesario para que los agentes económicos asuman el riesgo de innovar, mientras se alimenta el ciclo de destrucción creativa y se crece buscando la mejora tecnológica.
Este premio pone en valor a los diferentes actores y su trabajo que participan del complejo sistema de la propiedad industrial. Y pone en relieve el vital papel que desempeña la protección de intangibles en el crecimiento económico y el progreso sostenido a largo plazo.
La propiedad industrial clave geopolítica
No solo las empresas u organizaciones conocen la importancia de innovar y proteger sus activos intangibles para destacar frente a la competencia. El peso de la PI va mucho más allá e incluso tiene un papel relevante en la actualidad de varios países. Se ha convertido en asunto de Estado. Países como Estados Unidos o Corea del Sur están haciendo modificaciones importantes a su legislación para darle más valor y reforzar los sistemas actuales de PI. El país asiático, por ejemplo, ha elevado su Oficina de Patentes al rango de Ministerio de Propiedad Intelectual.
Estos países, junto a otros como Japón, por ejemplo, confirman su posicionamiento en el tablero geopolítico a través de su posición en lo que a capacidad tecnológica se refiere. Este potencial se refleja mediante indicadores como el número de patentes registradas. Y, a su vez, este número acaba siendo reflejo de la capacidad innovativa de un país y su poderío económico en sectores punteros de la tecnología.
Por lo que es importante acabar tal y como empezamos: «la propiedad intelectual no es un apéndice jurídico, sino una infraestructura económica que permite transformar el conocimiento en productividad y bienestar».













